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Río fugitivo esa ciudad ya mítica que nos describiera Edmundo Paz Soldán en su novela homónima, vive la semana decisiva de una revuelta popular contra el alza de las tarifas de energía eléctrica hecha por una transnacional. A las tradicionales manifestaciones callejeras, se suma una nueva forma de protesta para un nuevo siglo: la guerra electrónica, los virus informáticos.
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Los laberintos escriturales e imaginarios de estos cuentos remiten a Borges y Nabokov; la soledad, y desorientación de los personajes a Kafka y Onetti. Paz Soldán ha asimilado todas las influencias hasta dar con un registro propio, en el que la apariencia inocente de l historia coexiste con la obsesión, y lo perverso se muestra más cotidiano que extraño.
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Sebastián, diseñador gráfico experto en imágenes digitales, es tentado a alterar unas fotos comprometedoras. Pronto se verá envuelto en una conspiración que planea modificar el turbio pasado del Presidente, y con ello, la historia del país. El futuro ya está aquí; las pesadillas tienen colores sobresaturados y nada es lo que parece. ¿Cuáles son los límites entre lo real y lo virtual?
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